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jueves, noviembre 21, 2013

Características de los emprendedores que triunfan

En el  diario  El Economista se realiza una valoración de las características más importantes de los emprendedores que consiguen el éxito en su iniciativa emprendedora.
La actitud positiva y comunicarse con eficiencia son dos de los aspectos más importantes para que un empresario triunfe, según un estudio sobre el ADN del emprendedor de éxito llevado a cabo por Profiles International, a través de su filial española.
El estudio, realizado con la colaboración de AJE Madrid, Aseme-Omega y Emprendedores Jung durante el último año, fue presentado en las instalaciones de AJE Madrid. En el mismo se han analizado a una selección de empresarios con un mínimo de cinco años de experiencia en la gestión de su empresa, referentes en el sector, con continuidad y solidez, y que hayan creado equipos de trabajo efectivos y productivos.
Bajo la metodología Job Fit, con soporte científico y basada en estudios de la Universidad de Harvard, Profiles International ha analizado los factores que les han llevado al éxito. Y ha llegado a las siguientes conclusiones:

Conclusiones:

1. Los empresarios de éxito se comunican efectivamente y se sienten cómodos explicando los aspectos más complejos de sus funciones.
2. Asimilan la información del entorno rápidamente y pueden sentirse a gusto procesando información más compleja. Además, son capaces de sacar conclusiones certeras.
3. Utilizan información numérica y son capaces de realizar cálculos complejos. También saben usar las cifras para tomar decisiones, pero sin dejar de tener en cuenta su intuición.
4. Aprenden rápidamente de sus errores.
5. Basan su éxito en un alto grado de determinación, energía, independencia, y de asumir el control de sus acciones.
6. Muestran una actitud positiva y optimista, sin dejar de ser realistas. Son creativos, emprendedores.
7. Saben crear redes networking, trabajar en equipo, y buscan la armonía del grupo sin dejar de ser firmes cuando es necesario.

martes, noviembre 19, 2013

Aprender a emprender

Hace unos días, se publicó el libro de Felipe González, En busca de respuestas. El libro es recomendable, no sólo por el análisis político que ofrece, sino sobre todo por sus reflexiones a propósito de cómo, en el siglo XXI, debemos afrontar algunos aspectos de nuestra vida y, en particular, el trabajo. Entre las numerosas observaciones que contiene, hay dos que me han llamado poderosamente la atención. Por un lado, la alusión a que en España es bastante más fácil que un padre ayude a su hijo en la compra del piso a que le preste dinero para un proyecto empresarial. De hecho, como señala González, cabe imaginar que si un hijo le pide al padre ayuda para un negocio, la respuesta sea: "Hijo, cómprate el pisito y búscate un trabajo estable antes de meterte en líos". Por otro lado, resulta también sorprendente que las escuelas de negocio en nuestro país, que están entre las mejores en los ranking mundiales, produzcan muchos más ejecutivos, que encuentran trabajo en cualquier de las grandes empresas, que emprendedores.

¿Qué ocurre en España? ¿A qué se debe esta alergia hacia el emprendimiento, que sólo la crisis está mitigando, más por obligación que por convicción? La respuesta de Felipe González es que aquí no hay cultura del riesgo, ni por parte del capital, ni del Estado, ni del individuo. Nadie quiere arriesgar. Esta es, sin duda, una de las respuestas a esta pregunta. También lo es el marco institucional en el que se emprende en España: ni la visita al notario para constituir la sociedad, ni los 3.000 euros que se debe depositar en el banco, ni el desfase entre los gastos presentes y los cobros (que son a 90 días), ni la cultura del enchufismo que hace casi imposible entrar en contacto con una empresa sin conocer a nadie que trabaje en ella, por solo citar algunos de los obstáculos con los que se encuentra el emprendedor, ayudan lo más mínimo. Sobrevivirán los que tengan más empeño, pero también, aunque nunca se diga, los que, por su origen social, estén en mejores condiciones para afrontar la aventura empresarial. La desigualdad de origen, por desgracia, también está presente entre los emprendedores (y de esto también debería hablar la socialdemocracia).

Además de la cultura del riesgo y del entorno institucional, hay un tercer factor que incide, creo yo, en la alergia que muchos tienen hacia el emprendimiento. En España, tendemos a no establecer vínculos nítidos entre las habilidades de cada uno y su proyecto laboral. Por lo general, ni se ayuda a los niños y jóvenes a descubrir sus talentos, que no siempre son obvios, ni se contribuye a potenciarlos, ni se transmite con claridad que de las habilidades personales se construyen profesiones: que cada uno de nosotros destaca en algo y de que lo que se trata es de entrenar ese talento hasta convertirlo en un modo de vida. 

En España, el planteamiento tiende a ser el opuesto. En algún momento, al niño se le deja de preguntar qué quieres ser de mayor para plantearlequé quiere el mercado laboral que seasSe tiende a educar a los jóvenes para que en el futuro encuentren un buen trabajo, orientándolos hacia carreras universitarias con salidas (que suelen ser economía o empresariales, derecho o ingeniería). En los colegios, se apuesta por el uso de las nuevas tecnologías, olvidando, además, que los niños de hoy en día son casi todos nativos digitales, que no necesitan más horas de ordenador, sino recuperar el lápiz, el papel y el olor de los libros. Se tiende cada vez más a minusvalorar las letras y las artes, salvo en lo que respecta a la necesidad de escribir sin faltas de ortografía, que todos consideramos básico, o tener un cierto barniz cultural. El estudio de la música, el teatro, la literatura, la poesía o la filosofía quedan relegadas a un segundo plano, considerándolas disciplinas propias de una educación antigua, que no 'sirven' para el mundo actual, en el que la formación debe centrarse sobre todo en hacernos competitivos.

En mi opinión, este enfoque tan extendido, según el cual debemos adaptar la formación de los niños y jóvenes al mercado laboral, cohibiendo el desarrollo de las habilidades de cada uno, es erróneo. Ante todo, porque que no tiene en cuenta las transformaciones que se producen a lo largo de los años en el mercado de trabajo. Por ejemplo, a nuestros padres les educaron en francés para un mundo en el que se iba a hablar sobre todo inglés; a mi generación nos educaron en inglés para un mundo en el que se destaca si se sabe chino; y algunos padres de hoy hacen estudiar chino a sus hijos cuando quizás lo que se necesite dentro de veinte años sea sobre todo saber árabe o, quien sabe, portugués. Obviamente, esto es una metáfora: los idiomas, cuantos más, mejor. Pero tiene poco sentido orientar a los jóvenes hacia una formación determinada en un mundo impredecible, en el que no se sabe bien si tal o cual carrera será o no la más demandada. 

Por otro lado, creo que nadie debería renunciar a dedicar sus horas de trabajo, que es un tercio de nuestra vida, a una actividad que de verdad le apasione. Las pasiones se educan pero no se fuerzan: me cuesta trabajo creer que en España haya tantos jóvenes que se inclinen de forma natural por la economía, la ingeniería o el derecho. Sin duda los hay, y seguramente sean ellos los que desempeñen su trabajo con más entrega, pero otros estarán ejerciendo actividades con las que no se identifican, ni mínimamente.

Además, en una sociedad competitiva, como la que aspiramos a ser, las letras y las artes, apasionantes en sí mismas, tienen, en realidad, el mejor de los encajes. Estas disciplinas desarrollan cualidades enormemente relevantes: el teatro ayuda a hablar en público sin pudor, a modular la voz y a controlar los movimientos de nuestro cuerpo; la literatura genera sobre todo empatía, capacidad para entender al otro, que como bien se destaca en el libro mencionado, es la condición imprescindible del liderazgo; y la música, además, de ser la única materia capaz de desarrollar algunas zonas del cerebro que muchos tenemos dormidas, entrena en disciplina. Por tanto, si de verdad queremos educar para competir, en el ámbito que sea, deberíamos plantearnos si no es mejor invertir más tiempo y esfuerzo en materias que incentiven el desarrollo de la empatía o la tenacidad que en el estudio de la economía o la tecnología. 

En nuestro país, necesitamos sobre todo aprender a emprender.Emprender es, en gran medida, convertir las habilidades de cada uno en profesiones. Dejemos, primero, que esas habilidades florezcan en los niños, y ayudémosles, después, a entrenarlas y a que forjen cualidades personales imprescindibles en la actividad emprendedora. Estas cualidades no están en los libros de las carreras más demandadas. Están, en mucha mayor medida, en esas disciplinas tan antiguas que algunos dicen que ya no sirven para nada.
Fuente: Belen Barreiro. infolibre.es

lunes, noviembre 11, 2013

Fomentando el intercambio gratuito de libros

Todo libro tiene una segunda oportunidad. Y cinco estudiantes de la Facultad de Economía y Empresa de Zaragoza han puesto en marcha un proyecto que permite dejar y coger ejemplares en varios lugares de la ciudad con el objetivo de fomentar la lectura entre los jóvenes.
Bajo el nombre de Book Sharing, Ignacio Arnal, Alina Murarescu, Javier Prats, Alba Sánchez y Diana Valladares pusieron en marcha su iniciativa en tres espacios: la librería La Pantera Rosa, el Bar Minämi y la biblioteca de la Facultad de Economía y Empresa, y los resultados están siendo satisfactorios. "No hay dinero de por medio, el intercambio es voluntario y nuestro objetivo, además de reutilizar libros que la gente ya no va leer, es movilizar a los jóvenes con este tema ya que son el pilar fundamental para el desarrollo de la futura sociedad", apuntan.
Aunque Book Sharing es un proyecto universitario que será evaluado en la asignatura de Dirección de Entidades de Economía Social, que imparte la profesora Carmen Marcuello, sus creadores pretenden que perdure en el tiempo. "Estamos recibiendo mucha colaboración y nos encontramos a cualquier sugerencia, ya sea para donar libros o que nos cedan algún establecimiento", dicen.
UN PROYECTO ABIERTO "Son chavales de 20 años que tienen una imaginación tremenda. El objetivo de la asignatura es crear proyectos que puedan ser reales y que además tengan resultados. Este de Book Sharingtiene muy buena pinta, porque además es dinamizador en varios puntos y se está promocionando muy bien", apuntó Marcuello.
Al principio, los estudiantes tuvieron que pedir libros "a familiares y amigos" para poner en funcionamiento elBook Sharing. Ahora, tras varias semanas en marcha, el balance es positivo. "Estamos muy contentos. Los espacios donde estamos son muy diferentes entre sí y hemos comprobado que el que mejor resultado está dando es el bar. En la librería social hay poco movimiento, mientras que en la biblioteca se están llevando libros a un ritmo mucho mayor del que se dejan", explicaron.
En este sentido, estos cinco estudiantes de la Facultad de Economía matizan que todos los interesados en colaborar pueden ponerse en contacto con ellos mediante el email booksharing@hotmail.com.

Emprendedores en el cementerio

Todos los años en octubre, especialmente en vísperas del 1 de noviembre, festividad de Todos los Santos, se multiplican las visitas a los cementerios para limpiar y colocar flores en las tumbas de los seres queridos. Pero desde 2011 son cada vez más quienes se ven liberados de tales tareas, a veces duras y penosas, porque los profesionales de Eternalia hacen el trabajo por ellos. La limpieza de lápidas se ha convertido, así, en una buena opción de negocio para decenas de emprendedores.


La idea partió de  Juan Pedro Mellinas, un emprendedor murciano que hace tres años, tras un tiempo en el paro, vio una oportunidad en esta actividad, que principalmente se desarrollaba en el entorno de la economía sumergida en España.Mellinas observó cómo tenía un alto nivel de profesionalización en otros países de nuestro entorno europeo y decidió orientar el negocio por esta vía.
La mayor parte de los clientes de Eternalia tienen edades superiores a los sesenta años y dificultades para realizar las tareas de limpieza en el cementerio, que no suelen ser fáciles. Muchas veces no son ellos los que contactan con Eternalia, sino sus hijos, que de esta forman evitan hacerse cargo de dicho cometido, que sus padres les han encargado.
También hay personas que viven a cientos de kilómetros del cementerio donde se encuentran enterrados sus seres queridos, lo que hace muy difícil atender a sus cuidados. Por ello, encuentran en Eternalia una solución adecuada a su problema, ya que, de no ser así, la mayor parte de las veces deriva en un triste escenario de tumbas abandonadas durante años.

Diferentes servicios y precios
Cada vez que los profesionales de Eternalia realizan una limpieza, envían al cliente una fotografía del resultado de su trabajo, de forma que dicho cliente puede comprobar que efectivamente el servicio por el que ha pagado se ha llevado a cabo eficazmente.

os precios dependen del tamaño del enterramiento y del número de limpiezas al año que se encarguen. Un mantenimiento mínimo suele rondar los cien euros anuales, que es lo que cuesta la limpieza de un panteón dos veces al año o de una tumba de suelo cuatro veces, también anualmente. Y si el cliente, además, desea colocar unas flores a su ser querido, Eternalia le ofrece esta opción con diferentes variedades y precios.
Cuando en 2011 Juan Pedro Mellinas creó Eternalia, apenas existían iniciativas de este tipo en España. Pero ahora hay varias empresas de mantenimiento de lápidas y tumbas, además de quienes siguen haciendo estas tareas en la economía sumergida. La popularización de estos servicios también ha propiciado el crecimiento de Eternalia a través del sistema de franquicias, con la apertura de once delegaciones en diferentes provincias de España sólo durante el presente 2013.

Cocinando , estudiando y emprendiendo

Un grupo de estudiantes de ADE ha creado una asociación ficticia para ayudar a cocinar de manera creativa, sana y con poco dinero.

Sara Longás, Irene López, Eneko López de Dicastillo, Beatriz Molinos, Sandra Moñibas y Roxana Ungureanu son seis alumnos decuarto del Grado de Administración y Dirección de Empresas de la Universidad de Zaragoza decididos a demostrar que se puede comer bien a pesar de la crisis. El sexteto coincidió en la asignatura optativa de Dirección de Entidades de Economía Social y desde septiembre tienen la tarea de crear una entidad social ficticia con fines no lucrativos. Con esta premisa han creado la asociación ficticia El Bocau y su objetivo es transmitir al público cómo elaborar recetas sencillas y económicas, de forma que con pocos ingredientes se puedan obtener más raciones. 

Los seis jóvenes se han propuesto prodigar el ejemplo de la cocina anticrisis y el viernes ofrecieron una masterclass sobre los fogones del centro Joaquín Roncal. Allí enseñaron cómo cocinar de una forma más eficaz y económica con alimentos aragoneses gracias a unas pautas sencillas. Risotto de verduras y pan de trigo ecológico fueron las recetas que enseñaron a cocinar.

Para participar, los asistentes tuvieron que preparar un pequeña tapa que fue evaluada y las diez mejores consiguieron el acceso a la siguiente masterclass que tendrá lugar el próximo 15 de noviembre, de nuevo en el Joaquín Roncal. 

“El viernes contamos con la ayuda del cocinero Jonatan de Dios y completamos el aforo permitido con 40 personas que dividimos en dos equipos. Tuvimos más solicitudes de participación, pero solo les pudimos permitir como público”, cuenta Irene López, quien asegura que esta primera jornada fue un éxito. “Tras la primera jornada tuvimos muy buenas sensaciones y estuvimos pensando cómo podíamos continuar con el proyecto porque la gente nos animó a ello”, añade. 
Pero El Bocau no es solamente cocina. Tras la asociación ficticia también existe un trasfondo de aprendizaje. Para ello cuentan con la colaboración de la Asociación Feeding que impartió una charla sobre el desperdicio de comida a la que se sumó otra acerca de los huertos urbanos.
Otra oportunidad de cocina anticrisis
Tras el éxito cosechado en la primera jornada, El Bocau ya espera con ganas la llegada del próximo 15 de noviembre para seguir cocinando contra la crisis. Los finalistas se dividirán en dos grupos de cinco personas que tendrán que competir. La idea es que con los ingredientes proporcionados sean capaces de elaborar un plato aplicando los trucos y consejos que aprendieron en la primera sesión. De nuevo, también contarñan con la presencia de la asociación Feeding, la cual intervendrá ayudando a los equipos con consejos.

Al finalizar el concurso que tendrá una duración aproximadamente de dos horas habrá una degustación de los platos y será el jurado quién decida cuál es el equipo ganador. Finalmente se procederá a la entrega de premios que finalizará con un discurso de agradecimiento de la asociación el Bocau. 
Vía: El periódico de Aragón