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domingo, febrero 24, 2013

Tu idea no se puede proteger, tus activos sí



¿Quieres proteger tu idea? Olvídate, las ideas no se pueden proteger. ¿Tienes un proyecto, un diseño, un nombre, un logo, una obra original, algo plasmado en algún tipo de soporte? ¡La ley puede protegerte!
A menudo los emprendedores son reticentes a explicar sus proyectos o ideas a terceros ante la posibilidad de plagio o imitación. Y, sí, existe un mecanismo 100% eficaz y muy económico para prevenir cualquier tipo de copia, el secreto (correcto, el secreto de toda la vida). A partir de aquí el resto de mecanismos presentan algún que otro inconveniente para el emprendedor, ya sea por coste o por riesgo. Tal vez muchos se desilusionen al leer estas primeras líneas, pero por favor, leed un poco más, ¡aún hay algo que hacer!
Pese a que el secreto es una herramienta empíricamente útil, cualquier emprendedor que no se encuentre en una fase muy inicial sabe que es un mecanismo nada eficaz para que su proyecto tenga éxito, pues precisamente el hecho de poder compartirla es lo que la hace crecer. Además, ningún inversor va a poner su capital en algo que no sabe lo que es o que no entiende, con lo que de un modo u otro el secreto deberá ser desvelado.
Llegados a este punto, ¿qué podemos hacer para proteger nuestro proyecto respecto a terceros, o al menos limitar que otros se aprovechen de nuestro esfuerzo sin consecuencias? Obviamente, dependerá del tipo de proyecto de que se trate, de lo técnico o complejo que sea y de muchas otras particularidades más, pero la ley nos da ciertos mecanismos para “monopolizar”, aunque sea durante un cierto tiempo, nuestra creación.
Existen múltiples mecanismos previstos por ley para proteger nuestros activos intangibles (registro de la propiedad intelectual, modelos de utilidad, topografía de semiconductores…) pero a la práctica, como emprendedores, lo que nos será verdaderamente útil va a ser disponer de buenos contratos con cláusulas específicas que protejan nuestra propiedad intelectual e industrial así como también las marcas y  las patentes (y estas últimas si tenemos dinero o inversor…), es decir sí que podemos coger nuestro plan de marketing de 50 hojas y 200 horas de dedicación personal y llevarlo al registro de la propiedad intelectual para dejar constancia de que lo hemos hecho nosotros, pero a la práctica eso nos va a servir para muy poco o  para nada.
Contratos
¿Y cómo protejo en mis contratos con terceros mi propiedad industrial e intelectual? En primer lugar, leyendo. Los abogados sabemos que hay ciertas cláusulas que pueden resultar indescifrables para alguien no ducho en la materia, pero en la mayoría de los casos uno mismo puede anticipar los resultados que pueden derivarse de lo que firma y, si no es así, por lo menos tener la opción de contactar con un profesional para que le asesore. En segundo lugar, escribiendo. Cuando tenemos que redactar un contrato nosotros, ya sea con un colaborador, con alguien que empleemos o redactando las condiciones de uso de nuestra página web, por favor, no olvidéis incluir cláusulas haciendo mención al hecho que tenéis una propiedad intelectual e industrial que os pertenece y que además no permitís su libre uso. Por el momento leer y escribir os saldrá gratis, ¡hacedlo!
Marcas
 ¿Porqué proteger una marca? En primer lugar, porque los costes no son muy elevados. Las tasas para el registro nacional de la misma oscilan entre 121€ y 142€ por la primera clase de marca, más los gastos de gestión si contratamos a profesionales (las tasas para una solicitud comunitaria están por debajo de los 1.000€ y nos dan protección en 27 países). En segundo lugar, porque vamos a generar un activo que, de triunfar nuestro proyecto, va a convertirse en esencial. En tercer lugar, porque vamos a obtener un derecho que no tiene por qué caducar nunca; cuando se nos concede una marca, se nos concede por un plazo de 10 años renovables sin otro límite que el de su uso (en caso que no la usáramos en un plazo de 5 años sí que nos la podrían caducar).
¿Y de qué sirve una marca? La marca sirve para diferenciarte, ya sea para productos o para servicios la marca aporta un distintivo y carga con el valor de tu éxito (eso ya va a depender de ti, sí). Pero en cualquier caso tendrás un activo, algo con lo que podrás comerciar en un futuro (dando licencias de uso, por ejemplo)  y un derecho con el que defenderte en caso que un tercero trate de generar “confusión” aprovechándose de tu reputación de marca, por ejemplo. Además el hecho de disponer de cierta imagen de marca va a ser desde luego algo que los inversores van a tener mucho en cuenta a la hora de valorar tu proyecto.
¿Qué marca registro? Con esta respuesta podríamos extendernos muchísimo, pero en resumen debes encontrar un nombre y/o un logo que te identifique, que sea fácil de pronunciar y de recordar, y que, lógicamente no esté registrado (Sí, tendrás que utilizar bastante tu imaginación y creatividad para dar en el clavo). ¿Cómo sé si el nombre que busco está ya registrado? Puedes hacer una búsqueda simple tú mismo, en la página de la OEPM: www.oepm.es, eso sí para hacer una búsqueda más exhaustiva deberás contactar con profesionales.
Patentes
Y… esto de las patentes es muy caro… Correcto, es caro (una patente Europea nos puede costar unos 50.000€), y además el proceso suele ser bastante largo y poco ágil, menos aún si pretendes saltar las barreras nacionales, con lo que deberás tenerlo muy claro para lanzarte a patentar o tener a alguien que te acompañe en el proceso. Además el plazo de duración de la patente es como máximo de 20 años.
¿Para qué sirve una patente? Básicamente para impedir que otros utilicen comercialmente la invención patentada y para poder licenciar su uso. Es decir que sí, puede sernos algo muy útil, pero como hemos dicho no es un procedimiento ágil y debe cumplir unos requisitos en los que aquí no entraremos (novedad, aplicación industrial, actividad inventiva y suficiencia descriptiva).
¿Y si consigo mi patente? Si lo que se patenta es realmente algo con un valor comercial importante, tus posibilidades tanto de obtener financiación como de éxito se van a ver multiplicadas, muchísimo. El valor de tu proyecto ya no será sólo el de la invención en sí sino el del “monopolio temporal” que va a pertenecerte respeto a esa invención, y eso se paga, a veces, a precios muy altos. Pero como hemos dicho debe sopesarse bien la inversión, y analizar bien que es lo que se quiere proteger y cómo se va a hacer.

Espero que estas líneas hayan servido para dar una visión rápida sobre algo que hoy por hoy se está convirtiendo en el activo más importante de la mayoría de multinacionales (¿que valdría Microsoft si no pudiera licenciar sus productos?, o ¿cuánto vendería McDonald’s sin su imagen de marca…?) y en algo que, desde luego, si queremos emprender con éxito, vamos a tener que dedicarle parte de nuestro esfuerzo.
Marc Puyuelo

Delvy Asesores Legales
@Delvy_Asesores