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lunes, junio 10, 2013

Emprendedores incomprendidos

El emprendedor social es visto como un «bicho raro» en el ecosistema empresarial. 
Para muchas organizaciones, empresas, inversores y hasta para el propio Estado no está claro qué es el emprendedurismo de ese tipo, razón por la que sus impulsores tienen dificultades para sostener sus proyectos.
En una definición rápida, los emprendedores sociales aseguran que sus iniciativas son la combinación de la ONG y la empresa tradicional. Se propone una solución alternativa para un problema macro (la energía, la salud, la educación, el trabajo), desarrollando un modelo de negocios que busca generar impacto en la sociedad y ser sustentable.
Este fenómeno se ha constituido en un cuarto pilar (con el ámbito privado, el ámbito público y la sociedad civil como los otros tres), y se presenta como otra alternativa a la clásica filantropía o la más reciente Responsabilidad Social Empresaria (RSE) practicada por las compañías.
Quienes encabezan proyectos de este tipo  enfrentan la desconfianza o la incomprensión de otros interlocutores que no saben de qué se trata. Incluso, la legislación no tiene una figura jurídica que reconozca a un emprendimiento que no sea o una ONG o una empresa tradicional, 
Ese desconocimiento, la falta de una red de contactos local y que los emprendimientos no generen un retorno económico inmediato «dificultan la incubación de los proyectos» de matriz social.
Generalmente, los emprendedores suelen recibir una mirada descreída de «gente que dice dónde está el negocio» en eso o «por qué no son una ONG» La respuesta de los protagonistas es que su foco no está puesto exclusivamente en la ganancia económica.
Valentina Quagliotti, fundadora de la productora audiovisual Ikusi, indica que el emprendedor es visto sólo desde una perspectiva de lucro y no como alguien que puede albergar simultáneamente un interés social para su proyecto.
Ikusi (que significa ver en vasco) nació como un trabajo final de facultad pero con el tiempo se convirtió en un proyecto de vida. El rol social de la productora está «en contar historias reales de personas que se benefician de organizaciones civiles con el fin de hacer visibles a esas organizaciones y motivar a hacer cosas al público» por su comunidad.
En su opinión, «el problema que tenemos es que no se termina de entender qué es el emprendedurismo social porque es algo nuevo». Eso repercute en la falta de fondos y apoyos para este tipo de proyectos.
Uno de los apoyos que se reclaman es el del Estado, por ejemplo, a través de licitaciones que consideren la propuesta de los emprendimientos sociales y el valor agregado de su oferta. En realidad, se trata más que vender un producto o servicio; «estás vendiendo un proyecto». Fuente : Redacción El País en Uruguay.